Si en el SENA se habla de "Ruta de aprendizaje", ¿Dónde está trazada esa ruta para que, en las vicisitudes de la pandemia, ayude a los instructores y aprendices a orientar cómo, cuándo y dónde desarrollar las actividades de formación?
Se ha dicho que el mundo después de la pandemia no volverá a ser el mismo y en lo que concierne a la educación la expectativa se centra en que las herramientas tecnológicas de información y comunicación permitirán desarrollar muchas actividades desde casa. ¿Pero, cuando se habla de alternancia, a qué se refiere concretamente?¿Cuáles son los criterios que determinan esa alternancia?
En la escuela, donde los aforos de los espacios de aprendizaje no permiten la reunión del grupo competo de estudiantes, ha obligado a dividir el grupo, unos en la presencialidad y otros desde la distancia, que se alternarán entre sesiones. Es un asunto simple de aforo, que debe cuidar con que cumplan los protocolos de seguridad, pero además, que se cuente con las herramientas Tics, en el aula y en la casa, para impartir una formación efectiva.
Pero en una institución como el SENA el plan de formación es más complejo, pues debe hacer varias consideraciones: por un lado el proceso formativo es teórico práctico, por lo tanto en primera instancia se debe determinar una ruta crítica para la programación de las prácticas que obligan ambientes especiales de aprendizaje. En función de esa ruta crítica se deberá programar las correspondientes actividades de conceptualización que se pueden desarrollar desde casa virtualmente. Esa programación es la que debe cumplir con el desarrollo curricular, con el currículo según lineamientos de sistematicidad y calidad de la formación.
¿Sobre qué argumento decide el instructor hacer una actividad presencial y cuando virtual? Para dar cumplimiento con ese plan de formación curricular se deberá entonces programar los instructores, según lo exija el plan y no su capricho y comodidad. Otro asunto será cuando el instructor no puede por motivos de salud hacer presencia en los ambientes de formación práctica, de ser así, no debe alterarse el plan inicial sino reemplazar al instructor que tiene el impedimento. Es algo así como reemplazar una pieza en el engranaje para no afectar el sistema.
Pero al parecer los problemas que tenemos son de vieja data, y sólo ahora, en momentos de crisis se evidencian. ¿Dónde está la ruta?¿Cuál es la planeación pedagógica que provea la información a las coordinaciones para determinar el plan de alternancia que sea consecuente con todas las variables de programación de recursos: humanos, ambientes, medios y recursos didácticos, etc.
Es un deber institucional responder con la calidad en la formación a la que se comprometió con el aprendiz, el sector productivo y la sociedad. Las limitaciones que obliga la pandemia se deben convertir en variantes para la programación, y no deben ser excusa para dejar de hacer las cosas bien. Al parecer se están tomando decisiones fáciles, y si no son ilógicas, apenas son analógicas. Los recursos administrativos y tecnológicos para programar en esa complejidad de variantes no parece estar siendo utilizados por los responsables de la programación que, para decirlo en forma más precisa e institucional, se trata del alistamiento para la ejecución de la formación.
Tal vez al momento de dar una solución real y efectiva a este problema de pertinencia y calidad en la formación, se advierta que lo importante no es la cantidad de aprendices a matricular sino de la capacidad para prepararlos profesional y competentemente.