miércoles, 27 de octubre de 2021

Un cuento, un recuerdo.

 

Érase una vez un salón tan grande como una cancha, con mesas y herramientas. Érase un instructor que le gustaba enseñar a hacer cosas que le sirvieran a la gente. Érase un grupo de aprendices que querían fabricar objetos, para su conocimiento y satisfacción. Pero antes de la teoría, antes que definir las formas y procedimientos, el instructor les planteaba una situación de la vida en que las personas tienen un problema, una necesidad o un deseo, y les proponía a ellos solucionarlo o darle cumplimiento. Las consideraciones de modo, lugar y tiempo en que se encontraban las personas beneficiarias del proyecto, determinarían, en buena medida, la motivación de los aprendices y la eficacia del proyecto. 

Para que todos y cada uno pudieran aprender más allá de lo habitual, se conformaba equipos de trabajo heterogéneo, en temperamento y conocimiento, en género y en número máximo de cinco integrantes; al más humilde y sencillo, el instructor le asignaba el cargo de líder del proyecto. 

La sesión comenzaba con un cuento, que al parecer el mismo instructor inventaba, donde explicaba que en algún lugar de estas tierras, que no era del caso precisar, no ha mucho tiempo vivían unas personas con la necesidad de mejorar una situación que les redujera los esfuerzos y facilitara las acciones. Pasaba entonces a definir detalles del producto a diseñar y construir, para poner a disposición de los equipos los materiales y herramientas para la fabricación y sobre los que en el momento oportuno explicaría sus características para los procesos de corte, ensamble o conformación según se trate de madera, metal o plástico. En una sesión especial abriría una ventana al conocimiento del aprovechamiento de la tecnología en materia de mecánica, electricidad y electrónica, según lo requiera la solución al problema que se plantea. Todo esto poniendo a disposición cada un de los dispositivos didácticos para ilustrar el modo de trasmisión del movimiento, de la eficiencia de esfuerzo, del tipo de circuito, de rotación o de iluminación, de sensores, etc., según la sofisticación que cada grupo quiera dar a su artefacto.

El instructor estaba al tanto de la evolución de los proyectos y les pedía testimonio a los líderes (y gustaba grabar esto en una cámara sony handycam), sobre el modo en que organizaban el trabajo, se asignaban responsabilidades y se compartían conocimientos y dificultades, porque muy habitualmente debían reconsiderar el plan y hacer ajustes, y esto lo advertían por cuenta propia, y no sólo con las observaciones del instructor. 

Los aprendices encontraban sentido a las teorías que se enunciaban, descubrían procesos que nunca hubieran leído en los libros, aprendían a trabajar en equipo, a discutir puntos de vista, a superar dificultades, y ante todo a sentir la alegría de poder dar solución a quien tiene problemas.

No suele haber allí tiempo para llamar la atención por desinterés, para vigilar o reprender porque se advierte por el contrario la solidaridad entre los equipos para compartir conocimientos y recursos, no se afana el instructor por sacar notas por cualquier concepto porque la evaluación se presenta de manera integral en las exposiciones que cada equipo hace al final del proyecto, cuando relatan los avatares, los descubrimientos, las soluciones a dificultades, sustentan los documentos de procesos, análisis de costos y ficha técnica del producto, con la verificación de funcionalidad del producto en la puesta a prueba. Y puesto que todos los equipos han hecho variaciones desde el diseño a la construcción, de cómo resolver el problema o satisfacer la necesidad, cada una de las exposiciones es un camino diferente, pero todos llegan a Roma en el clamor de satisfacciones y el honor de los aplausos.  

Y para que ese recuerdo, que ahora se puede contar como un cuento a un inquieto novato del SENA, le agregamos un video que muestre el rostro entusiasta de ese tipo de aprendices y el fruto de su ingenio. 


martes, 19 de octubre de 2021

Usted cómo respondería



Si un novato en el SENA, que llega como instructor o aprendiz, o como empresario o simple ciudadano, que en la tradición educativa se acostumbró a términos como materias, clases, teoría, exámenes, ganar o perder el año, que de sólo recordar esto su sentimiento se debate entre el amor y el odio, sin duda que encontrar en el lenguaje de nuestra institución conceptos tan sofisticados como formación por proyectos, fuentes de conocimiento, trabajo autónomo y colaborativoperfil crítico y constructivo, ambiente de aprendizaje pluritecnológico, enfoque por competencias, didácticas activas, conocimientos de principios y procesos, evaluación de resultados, evidencias de desempeño y de producto, en fin, un glosario de conceptos con los que alguien podría levantar una torre de babel o escribir una enciclopedia temática. 

Si ese novato es inquieto como para preguntar: ¿Dónde, cuándo y cómo cobra vida ese discurso en las actividades de formación? Y si la curiosidad lo anima a recorrer las instalaciones de un Centro de formación para verificar con sus propios ojos, y tras los muros de vidrio ve sillas universitarias y escritorios con PC bien juntos y alineados, y distingue los aprendices muy tiesos y a los instructores muy majos frente a un televisor gigante. Y el novato, que es osado, entra y pregunta pasito: ¿Cuál es el proyecto de estudio y qué problema resuelve? Pero el instructor está muy afanado exponiendo conceptos y los estudiantes muy ocupados copiando, cómo para responder tal intromisión. Continúa el novato en su exploración y entra a un taller, donde en efecto los aprendices ponen manos a la obra y trasformando materiales fabrican productos que le interesan, y aprovecha para preguntar: ¿Cómo y cuando hacen el trabajo colaborativo? ¿De qué modo los productos que ejecuta cada aprendiz hacen parte del proyecto? ¿A quién le puede servir o beneficiar esos productos y proyectos? Tal vez no sepan responder esa pregunta, pero sí logra que le expresen con admiración que les parece extraordinario que haya una institución de formación gratuita donde cuenten con materiales y herramientas para aprender. 

Si usted es instructor o coordinador académico y se topara con ese curioso explorador ¿Cómo respondería a cada una de esas inquietudes? y sobre todo ¿Qué le mostraría para que conociera de primera mano y a simple vista lo que es nuestra manera de enseñar y de aprender, así no sea con todo el glosario institucional?
 
Yo, sinceramente, le diría que no se dónde está, en este momento, ese lugar, esa faena y esa obra. Pero que sin duda hay un ambiente, unas actividades y unos propósitos muy claros de algún equipo de instructores, con su grupo de aprendices, empeñados a dar cumplimiento a cada uno de los conceptos, no se si a todos, por los que está tan inquieto. Y para que no se fuera sin dársele nada, y mucho menos pensando con decepción que sólo se trata de un lenguaje imaginario sobre un misión utópica, le contaría un cuento maravilloso y le mostraría un video, que pueda reparar por el momento sus inquietudes (mientras le averiguo datos sobre ese equipo de instructores-aprendices y sus acciones). 


(El cuento y el video se publicará en la próxima reflexión)

martes, 12 de octubre de 2021

Pasos para avanzar



En muchas ocasiones, como en el conocimiento, es prudente mirar atrás para poder avanzar.

Si usted tiene un conocimiento práctico que le ha tomado mucho tiempo y criterio para cualificar, tomemos por ejemplo asuntos doméstico, como preparar un sencillo panqué o una sofisticada lasaña, y quisiera legar ese secreto de la sabiduría a un ser querido, o iniciar a un predestinado. Considerando que la difusión ha sido el modo como hoy tenemos la receta del pan o el proceso del vino. ¿Qué método emplearía para garantizar que tan simple o complejo conocimiento pueda convertirse en toda una tradición? 

Para asegurar la perdurabilidad de la técnica y obtener un buen producto es determinante definir cómo se transmite y apropia ese conocimiento, de modo que lo que se enseñe efectivamente sea lo que se aprenda. La efectividad del método será entonces la llave para hacer perdurable el saber. 

Si se le pidiera definir el método de transmisión, de cualquier técnica de producción, en unos cuantos pasos, ¿Qué pasos le garantizarían que la receta o el proceso no fuera alterado y que en efecto el producto del aprendiz demuestre que tiene los mismos atributos del maestro? y ¿Cómo expresaría esos pasos de tal modo que el aprendiz los apropie fácilmente y no los olvide?

El SENA, que ha tenido una larga trayectoria en la formación de operarios y técnicos, cuenta en su caja de herramientas didácticas con el "Método de los cuatro pasos", entre las estrategias didácticas centradas en el proceso. 

Puesto que este método hizo parte de una tradición entre los instructores técnicos de la institución, y que ha sido memorable también para aprendices (y con esto me adelanto a responder la segunda pregunta del anterior párrafo). Bien viene al caso rescatarlo, para ponerlo en conocimiento y consideración de los nuevos instructores, y aplicarlo en las circunstancias especificas de una situación de aprendizaje. El método de los cuatro pasos reza de la siguiente manera:

  1. El instructor dice y hace.
  2. El aprendiz dice y el instructor hace.
  3. El aprendiz dice y hace.
  4. El aprendiz dice y el instructor supervisa.

Para confirmar la aplicación rigurosa de este método, que ya demostró su efectividad en una época de tradición en formación técnica de operarios, exige ampliar los detalles de cada paso, y sea la ocasión para remitir a los instructores contemporáneos esta Caja de herramientas didácticas, ubicada en el siguiente enlace, y específicamente el Método de los cuatro pasos, en la página 80 del Manuel de Estrategias de Enseñanza/Aprendizaje, compilado y comentado por la instructora Doris María Parra Pineda, para este y muchas otras estrategias didácticas, que hacen parte del legado institucional.

Las técnicas tradicionales bien las pueden ilustrar nuestros compañeros instructores del CDHC, en actividades como estuco, pintura, enchapes, etc., que esperamos exponer en una próxima oportunidad.

Manuel de Estrategias de Enseñanza/Aprendizaje

lunes, 4 de octubre de 2021

Modelo para armar

 

El modelo pedagógico orienta las prácticas formativas en función de un propósito institucional. Sabemos que para el SENA sus fundamentos conceptuales están expresados en el Estatuto de la Formación Profesional y que no es difícil recitar la misión de: invertir en el desarrollo social y técnico de los trabajadores, ofreciendo y ejecutando formación profesional integral, para la incorporación y desarrollo de las personas en actividades productivas que contribuyan al desarrollo social y económico del país. Pero al momento de orientar un programa de formación ¿Qué tantos conceptos del modelo pedagógico ponemos en práctica para planear y ejecutar las actividades de formación? Ahora, en los tiempos de confinamiento, cuando nos vimos obligados a impartir la formación desde casa con herramientas digitales, ¿Cómo hicieron los instructores, especialmente los técnicos, para resolver los aspectos prácticos del proceso formativo? 

La experiencia que vivió el instructor Álvaro Sierra, en los programas de formación de estuco y pintura, nos puede servir de ejemplo y referencia de cómo un instructor, que ama lo que hace y conoce a fondo la misión institucional, es coherente con los elementos esenciales del modelo pedagógico. Para Álvaro Sierra cada contrariedad anunciaba una solución, así que con criterio pedagógico y voluntad de servicio supo volver a armar el modelo en las circunstancias de distanciamiento y protocolos de seguridad a que nos obligó el virus. 

En relación con un modelo que considera la pertinencia de sus programas de formación con los requerimientos del contexto productivo, la gestión de integrar en un mismo propósito las acciones de formación del SENA CDHC con la promoción de productos de una empresa, fue una acción capital para empezar a resolver muchos problemas. La diligencia del instructor Álvaro Sierra logró que la empresa suministrara a cada aprendiz los recursos necesarios para la práctica en casa. En un modelo pedagógico que tiene por precepto el aprendizaje de conocimientos de proceso y la evaluación de evidencias de producto, es insoslayable el uso de materiales y herramientas por parte del aprendiz.

En cuanto al uso de herramientas digitales valga resaltar a creatividad y recursividad del instructor Álvaro para dar claridad a las orientaciones de una técnica tan precisa como en el arte. La exposición, paso a paso, de las operaciones en un procedimiento técnico obliga la demostración directa del maestro, situación que el instructor Álvaro supo resolver con la ayuda de un camarógrafo familiar y una escenografía doméstica, para el registro en video de varios procedimientos técnicos. Con este recurso comunicativo bien pudo resolver la relación de diálogo de un proceso de enseñanza aprendizaje de tipo práctico. 


Pero la formación en una actividad con tanto impacto social y cultural como es la pintura y el estuco, que nos alude inevitablemente a los maestros del arte a lo largo de la historia, tiene ademas una carga estética que permite proyectar un sentimiento humano en los productos de su actividad. Ese valor agregado de humanismo lo incorpora el instructor Álvaro a traves de ejercicios de pintura que conceptualiza con el análisis del color en la obra del pintor holandés Piet Mondrian, que le permitirán a los aprendices hablar, más allá de la técnica, de los elementos espirituales que incorporan sus obras, ya se trate de la ambientación en interiores como de la decoración de espacios exteriores.   

Y la cereza del pastel de esta admirable gestión de Álvaro, como en un estrechar de manos interinstitucional entre el SENA y la empresa, con todo el despliegue logístico y promocional que implica, consistió en un evento presencial de divulgación y exhibición de productos y técnicas para las tres jornadas de formación, con invitación extensiva a todos los aprendices de los programas de formación del CDHC, para demostrar que la misión del SENA y la plicación del modelo pedagógico se han de cumplir cabalmente cuando las acciones de formación y producción redunden en las personas y su desarrollo social y económico.