lunes, 27 de septiembre de 2021

Didáctica del juego

Juego mi vida, cambio mi vida ....

Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,

la dono en usufructo, o la regalo...

León de Greiff


Si el juego es una experiencia tan apropiada para el aprendizaje en las primeras etapas de la vida ¿Por qué no seguir aplicando sus preceptos a todo lo largo de ella, si estamos siempre en constante aprendizaje? Si con el juego se aprende a conocer conceptos, a aplicar reglas, a resolver problemas, a adquirir valores, al paso que nos divertimos, ¿Por qué nos empecinamos en ejecutar una formación de obligaciones y preceptos, y no de alegres descubrimientos? ¿Por qué, si la finalidad del juego es promover la creatividad, no jugamos a ser creativos con lo productivo, que es una necesidad?¿Por qué en el SENA no hemos aprendido a aplicar la "Metodología de proyectos" que es por antonomasia un juego que incluye juegos?

Picasso dijo en alguna ocasión que todo niño es un artista, que el problema es cómo hacer para que lo siga siendo. Pues el juego es la mejor manera para seguir siendo creativo. El juego no es una actitud exclusiva del niño, es también una necesidad para el adulto. A través del juego el adulto libera la presión de sus obligaciones, hace catarsis a las preocupaciones cotidianas de la casa y del trabajo, pero ante todo le ayuda a resolver los problemas con ingenio. El artista es un artífice, un creador, un solucionador de problemas, un surtidor de soluciones, es el mismo propósito que tiene un buen un trabajador, un profesional que en cualquier ámbito de la producción está desarrollando bienes y servicios para mejorar la calidad de vida de las personas.

En el inventario de actividades didácticas que suelen describir los manuales de técnicas y estrategias, es común encontrarse con términos alusivos al juego: Simulación, juego de roles, dramatización, método de casos y de indagación. Y si al contrario vamos a un catálogo de juegos advertimos su sentido didáctico para aprender diferentes asuntos de la vida y del trabajo: el parqués y el dominó, las damas y el ajedrez, el rompecabezas y el tangram, la escalera y el laberinto, las adivinanzas y el ahorcado, la golosa y la vuelta a Colombia, el yeimi y la pelota envenenada, en fin, juegos con los que se divierte y de paso se aprende a saltar, correr, contar, medir, armar, analizar, decidir, arriesgar, sufrir y reír, actividades que ponen en juego las emociones y los sentimientos, juegos de acción y pensamiento que son imagen o representación de situaciones propias de la vida y el trabajo.

Si el juego es metáfora de la vida, en la que nos entrenamos para enfrentarla de la mejor manera, alegres y optimistas; así la metodología de proyectos debe ser una metáfora de la producción que podemos jugar con alegre creatividad. La metodología de proyectos podría considerarse el juego rey de la didáctica de formación, una aventura en el conocimiento para alcanzar un deseo, resolver un problema o satisfacer una necesidad. Con un propósito tan alentador para movilizar un colectivo, con consignas de trabajo en equipo y solidaridad, en donde el laberinto de caminos nos pueda llevar a múltiples fuentes del conocimiento, tan enigmáticos rompecabezas como agobiantes rayuelas, que nos reten en lo físico y en lo mental, con limitados recursos o con ingeniosos herramientas, donde el avance y la solución de dificultades en la ruta de aprendizaje haga sentir a cada uno de los aprendices que es protagonista y hasta héroe en la aventura del conocimiento.

Si la vida es juego, porque finalmente todas las acciones del ser humano están en función de ganar o perder, y puesto que conocer, descubrir, resolver y construir, son un acto creativo que propicia alegría, ¿porqué no aprendemos jugando? Procuremos volcar las acciones de formación en un formato de juego y veremos la efectividad del aprendizaje y, sobre todo, la alegría de saber y de servir.