lunes, 30 de agosto de 2021

Material probatorio

 

Bajo el riesgo de reducir la formación a un proceso meramente teórico, que aceptamos con la natural resignación de la tradición escolar y porque el confinamiento nos lo impuso, ¿Cuál debe ser la demostración efectiva de que vamos a rescatar el proceso educativo teórico - práctico de carácter integral que define el Estatuto de la Formación Profesional del SENA?

Valga recordar que el primero de los principios de la FPI es el trabajo productivo, así que la formación, además de los conocimientos de principios y conceptos (privilegio de la educación tradicional), implica los conocimientos de proceso que las estructuras curriculares bien saben diferenciar con actividades de desempeño y elaboración de productos. Estos representan el valor agregado y diferencial con otros tipos de formación, son los que completan el binomio "Teórico- Práctico" consecuente con el propósito de formación para el trabajo en el sector productivo. Es por eso que en el modelo educativo SENA, y no en otras instituciones, la evaluación del alcance de resultados se evidencia de tres maneras: de conocimiento de conceptos, de desempeño y de producto. Con estos se garantiza que en el SENA se forma en el Ser, en el Hacer y en el Aprender.

Y puesto que el modelo de aprendizaje privilegia el hacer, ya que haciendo se confirma el concepto y se incorporan realmente las habilidades, las destrezas y las actitudes propias de un proceso productivo, es el momento entonces de revisar la correspondencia de esas actividades prácticas con los conocimientos conceptuales que en coherencia didáctica permitan el alcance de los resultados y el desarrollo de las competencias técnicas y transversales del perfil profesional de nuestros aprendices.

Pero las actividades de formación práctica deben procurar una relación directa con las actividades productivas. No se ha de confundir que la construcción, por ejemplo, de una maqueta, sea equivalente a la construcción de una obra de edificación o de una obra civil. Puede cumplir, en determinado momento, una función didáctica, pero no se debe soslayar una actividad que permita enfrentar al aprendiz con situaciones realistas, con materiales, herramientas y equipos que les permitan comprobar su constitución física y formas de transformación, el orden y cuidado de las operaciones, los preceptos de seguridad, la actitud de responsabilidad y del trabajo en equipo, en fin, todos los propósitos de un aprendizaje significativo. 

En este orden de ideas el papel de los ambientes de aprendizaje en función de las actividades prácticas es fundamental para el alcance de los resultados de aprendizaje. La definición de las actividades y sus productos en función de los contenidos de formación y del proyecto formativo, son igualmente decisivos en la pertinencia de la actividad con el desarrollo de la competencia profesional. Las actividades prácticas deben ser realistas, que permitan enfrentar a los aprendices con las dificultas propias del entorno productivo para aplicar los conceptos estudiados. Para ello es fundamental que se disponga oportuna y suficientemente con los materiales, herramientas y equipos que previamente se ha definido en un rango de aplicación técnica y profesional.      

viernes, 20 de agosto de 2021

Siete saberes


El filósofo francés Edgar Morin cumplió, el pasado 8 de julio, cien años de vida. Un pensador reconocido por su método de "Pensamiento complejo" que ha abordado los problemas esenciales del mundo contemporáneo, ante todo para ofrecernos luces de cómo afrontar con esperanza la complejidad e incertidumbre de estos nuevos tiempos. 

Para recibir el siglo XXI, por solicitud de la Unesco, Morin formula una Vía para el futuro de la humanidad, donde reconoce las cegueras del conocimiento, los principios de un conocimiento pertinente, propone la enseñanza de la condición humana y la identidad planetaria, de cómo enfrentar las incertidumbres y enseñar la comprensión, y un séptimo saber necesario, que tiene resonancias con nuestra competencias de interacción idónea conmigo, con los demás y con el entorno, que en su libro titula "La ética del género humano". 

Para examinar un poco el testamento pedagógico de su obra: "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro", proponemos a cada instructor las siguientes inquietudes institucionales SENA para que se aproxime a su obra en busca de respuesta. Es oportuno que el instructor de una institución que tiene la misión estatal de formar a su población para la vida social y el trabajo, tenga en cuenta las reflexiones del filósofo francés, en estos momentos que la crisis social y económica pone de manifiesto que muchas cosas no andan por buen camino.  

La primera advertencia de Morin versa sobre las cegueras del conocimiento. La facilidad para acceder a información de todo tipo y la rapidez con que se transmiten los mensajes trae consigo los parásitos del error y la ilusión. ¿Cómo paliar estos obstáculos del conocimiento tan difíciles de advertir?

Ante la multiplicidad de saberes tan especializados como dispersos y ante la complejidad de problemas de variadas dimensiones, locales y globales, ¿Cómo organizar y articular los conocimientos para aplicarlos con pertinencia en la solución de problemas sociales y productivos?

Ante la seducción de la novedad, el desinterés por saber de dónde venimos y la confusión sobre a dónde vamos. ¿Cómo enseñar la condición humana, en particular en el propósito de conciliar las relaciones de la tríada individuo-sociedad - especie, para construir una cultura diversa y plural?

En una sociedad que centra los valores en lo económico y que orienta sus propósitos en la producción y la competitividad, ¿Cómo formar en una conciencia terrenal, cuando advertimos señales de alarma por estar a punto de cruzar una línea de no retorno?  

¿Quién hubiera pensado que un virus obligara a encerrar en sus casas a la gente de todo el  mundo, deteniendo la movilidad y el comercio? ¿Cómo incorporar al conocimiento las incertidumbres y prepararnos para vivir con esperanza la aventura del futuro?

¿Cómo es posible que contemos con los mejor recursos tecnológicos para la comunicación y socialmente nos comprendamos menos? ¿Cómo educar para la convivencia y la tolerancia en las diferencias?

Finalmente, en nuestra experiencia de formadores del SENA, ¿Cómo formar en la ética del bucle individuo- sociedad - especie, que propone Morin, cuando está tan arraigado, en instructores y aprendices, el modelo de aprendizaje por materias, que disgregan el conocimiento?


Documento: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro

miércoles, 11 de agosto de 2021

Terapia de retorno


¿Por qué hay resistencia, ante todo en los instructores, para retomar las actividades presenciales de formación?¿Es respeto o temor al virus? porque es cierto que el virus no da tregua y muchos se sienten vulnerables ¿O acaso nos hemos instalado en una zona de confort que no queremos abandonar?  

El regreso de los instructores se está convirtiendo en una odisea. El término odisea se refiere a las dificultades que se oponen a la realización de una finalidad que requieren de tiempo y esfuerzo, a propósito de que hay quienes creen que se debe implementar una terapia especial para tratar el regreso de los instructores al ambiente formación presencial, la verdad es que en la epopeya de Homero, por el contrario a los instructores, la dificultad que encontró Odiseo fue para regresar a casa, donde estaba el amor de su mujer y de su hijo, y no para salir de ella e ir a la guerra en defensa del honor de su patria. Y es por esto que Odiseo es un héroe, si hubiera sido un perezoso, indiferente a una causa noble, sería un personaje digno del desprecio o de burla en una comedia de Aristófanes. 

Es ciertos que nos economizamos pasajes, tiempo y estrés para ir y volver al lugar de trabajo. También es cierto que hemos logrado organizar una vida cómoda para comer en casa, hacer una siesta, realizar tareas domésticas que antes nunca pudimos hacer y hasta sea cierto también que hayamos alcanzado una aceptable metodología de formación virtual. Pero lo que no nos deja mentir es la conciencia de que este asunto de la Formación Profesional Integral, con sus tres palabras en mayúscula, no se está cumpliendo honestamente y a cabalidad. Y que con esta actitud de indiferencia por rescatar la dinámica de servicio social de la institución, estamos preparando un réquiem para llorar en su funeral. 

¿ Acaso hay quienes por mezquindad no les importa hacer reactivar la institución porque han tenido y seguirán necesitando tiempo para sacar adelante su empresa personal, y quieren quedarse en casa, cómodos y seguros, acariciando una ilusión? Pero ¿No hay quienes dimensionen el perjuicio social, el deterioro progresivo de una institución de formación nacional, o peor aún, su definitiva pérdida? Sería un desafuero histórico de irresponsabilidad con los patriotas que la fundaron y engrandecieron esta institución, y más aún con las generaciones a quienes nos obligaba dejarla como legado.

¿No dijo acaso Whitman, el poeta de la democracia, que "aquel que camina sin amor una legua, camina amortajado hacia su propio funeral"?  y ¿No dijo también, algo así como: "No hay oficio ni profesión en el que no se pueda ser un héroe?

No habremos de sentirnos unos héroes griegos, es un simple sentido del deber como instructores volver al trabajo presencial con la frente en alto y una sonrisa de esperanza (así la oculte el tapabocas). No requerimos terapia, sólo necesitamos reconocer el valor de entregar, cual Prometeo el fuego a los hombres, el conocimiento a unos aprendices pletóricos de entusiasmo por construir un mundo mejor.  


martes, 10 de agosto de 2021

Ruta crítica

 

Si en el SENA se habla de "Ruta de aprendizaje", ¿Dónde está trazada esa ruta para que, en las vicisitudes de la pandemia, ayude a los instructores y aprendices a orientar cómo, cuándo y dónde desarrollar las actividades de formación?

Se ha dicho que el mundo después de la pandemia no volverá a ser el mismo y en lo que concierne a la educación la expectativa se centra en que las herramientas tecnológicas de información y comunicación permitirán desarrollar muchas actividades desde casa. ¿Pero, cuando se habla de alternancia, a qué se refiere concretamente?¿Cuáles son los criterios que determinan esa alternancia?

En la escuela, donde los aforos de los espacios de aprendizaje no permiten la reunión del grupo competo de estudiantes, ha obligado a dividir el grupo, unos en la presencialidad y otros desde la distancia, que se alternarán entre sesiones. Es un asunto simple de aforo, que debe cuidar con que cumplan los protocolos de seguridad, pero además, que se cuente con las herramientas Tics, en el aula y en la casa, para impartir una formación efectiva. 

Pero en una institución como el SENA el plan de formación es más complejo, pues debe hacer varias consideraciones: por un lado el proceso formativo es teórico práctico, por lo tanto en primera instancia se debe determinar una ruta crítica para la programación de las prácticas que obligan ambientes especiales de aprendizaje. En función de esa ruta crítica se deberá programar las correspondientes actividades de conceptualización que se pueden desarrollar desde casa virtualmente. Esa programación es la que debe cumplir con el desarrollo curricular, con el currículo según lineamientos de sistematicidad y calidad de la formación.

¿Sobre qué argumento decide el instructor hacer una actividad presencial y cuando virtual? Para dar cumplimiento con ese plan de formación curricular se deberá entonces programar los instructores, según lo exija el plan y no su capricho y comodidad. Otro asunto será cuando el instructor no puede por motivos de salud hacer presencia en los ambientes de formación práctica, de ser así, no debe alterarse el plan inicial sino reemplazar al instructor que tiene el impedimento. Es algo así como reemplazar una pieza en el engranaje para no afectar el sistema. 

Pero al parecer los problemas que tenemos son de vieja data, y sólo ahora, en momentos de crisis se evidencian. ¿Dónde está la ruta?¿Cuál es la planeación pedagógica que provea la información a las coordinaciones para determinar el plan de alternancia que sea consecuente con todas las variables de programación de recursos: humanos, ambientes, medios y recursos didácticos, etc. 

Es un deber institucional responder con la calidad en la formación a la que se comprometió con el aprendiz, el sector productivo y la sociedad. Las limitaciones que obliga la pandemia se deben convertir en variantes para la programación, y no deben ser excusa para dejar de hacer las cosas bien. Al parecer se están tomando decisiones fáciles, y si no son ilógicas, apenas son analógicas. Los recursos administrativos y tecnológicos para programar en esa complejidad de variantes no parece estar siendo utilizados por los responsables de la programación que, para decirlo en forma más precisa e institucional, se trata del alistamiento para la ejecución de la formación.

Tal vez al momento de dar una solución real y efectiva a este problema de pertinencia y calidad en la formación, se advierta que lo importante no es la cantidad de aprendices a matricular sino de la capacidad para prepararlos profesional y competentemente.