martes, 20 de julio de 2021

Moral de piedra


Si bien el concepto de formación profesional está definido como "un proceso educativo teórico-práctico de carácter integral, orientado al desarrollo de conocimientos técnicos, tecnológicos y de actitudes y valores para la convivencia social, que le permiten a la persona actuar crítica y creativamente en el mundo del trabajo y de la vida", nos preguntamos particularmente ¿Cuál es el alcance de la orientación en el desarrollo de actitudes y valores y cómo verificar que en efecto permita actuar crítica y creativamente en la vida?

¿Están los instructores verdaderamente preparados para orientar esos propósitos formativos? ¿En las actividades de aprendizaje se plantean dichos contenidos de forma intencional? ¿O sólo se enfrentan en situaciones coyunturales, cuando se ven afectados el orden y la autoridad?

Para responder estas preguntas, en la investigación "Justificaciones morales del docente" de las instructoras del Centro de Comercio,  Magister en Educación y Desarrollo Humano, Luisa María Álvarez, Piedad Lucia Díaz y Alba Miriam Vergara, se analiza el papel del instructor desde la perspectiva moral. En la complejidad de las relaciones maestro - estudiante el discurso del maestro "efectúa intersecciones en las esferas erótico afectivas, social y moral de los sujetos en formación". La investigación parte de entrevistas con instructores sobre dilemas morales a que se vieron enfrentados en su ejercicio de enseñanza aprendizaje. Acaso la conclusión más contundente es que los instructores "demuestra un modelo de interacción con los estudiantes, que se caracteriza por ser autoritario y unidireccional en el cual la mutualidad, la cooperación y la inclusión, están ausentes, lo que da lugar a un modelo monológico dominante" (pág.. 156). Descripción lamentable del formador de una institución que tiene en su misión el propósito de contribuir al desarrollo social del país.

Si con una frase de la investigación se pudiera resumir la tendencia más habitual de los instructores es que "tienen una identidad moral centrada en las formas correctas de comportamiento, según lo dicten las normas y las sanas costumbres". Y con esta justificación se revela que "es posible que induzcan al estudiante a ser un sujeto eminentemente obediente y sometido a normas sin criticidad" (pág., 152). Conclusiones que contradice el perfil del aprendiz que la institución promueve como "libre pensador, de conciencia crítica, constructiva y respetuosa..."

Si este análisis, hecho en 2006, advertía que la tendencia en los instructores y aprendices era el mero cumplimiento de programas de formación que privilegia el conocer y el hacer, y margina el aprender a ser y a convivir, que podremos decir quince años después, cuando los escenarios del "hacer" se reemplazan por efectos digitales de tercera dimensión y los ambientes de convivencia presencial, donde se manifiestan realmente los problemas morales, se cambian por salas virtuales sin interacción personal

No es un problema menor que los instructores no reúnan las cualidades integrales para ejecutar, en su plena dimensión, la Formación Profesional Integral, FPI. Recomendamos a la Escuela Nacional de Instructores. ENI, a sus diseñadores de planes de cualificación de instructores, estudien esta investigación y consideren sus resultados y conclusiones a fin de mejor calidad de la formación y resolver, de manera idónea y pertinente, la incorporación efectiva de los egresados en la sociedad y el sector productivo.

Enlace al documento:


lunes, 5 de julio de 2021

Conocimiento dialogante

 

¿Cómo formar para aprender a enfrentar los problemas del presente y las incertidumbres del futuro si solo enseñamos los preceptos del pasado?

En los documentos pedagógicos del SENA son muchos los conceptos que advierten sobre la necesidad de: "Transformaciones de los entornos socio-culturales que requieren individuos y comunidades capaces de establecer interrelaciones, abstraer información, interpretar símbolos, resolver problemas y tomar decisiones, provistos de sólidos valores éticos" (Estatuto de la formación Profesional. 1.2 Contexto General y FPI, párrafo 6). Pero al parecer 27 años después de formularse este propósito seguimos enseñando en la transmisión de información tan plana como inútil.

La estrategia metodológica de formación por proyectos, donde sólo una de las 4 fuentes de información es el instructor, pero otras son el entorno y el trabajo colaborativo; con el abanico de didácticas activas que se posibilitan en ambientes ricos en variedad de recursos para aprender a ser, hacer y aprender; y la proximidad con los contextos sociales y productivos en las etapas de formación lectiva y productiva; serían condiciones suficientes para formar en los conceptos y principios de la formación profesional integral. Pero la transformación real del perfil profesional no se cumple porque este bien enunciado el modelo pedagógico, hace falta la acción creativa del orientador.   

¿Se hace necesario un plan de formación especial para que el instructor SENA incorpore toda una lista de criterios y condiciones pedagógicas para ejercer con pertinencia su función? 

Realmente bastaría con tener uno sólo al cual confluyan, naturalmente, todos los demás: el "sentido común". Sentido común es indagar los escenarios productivos donde habrá de ejercer sus funciones el futuro trabajador. Sentido común es conversar con los empresarios y sus equipos de profesionales para precisar los términos de un proyecto formativo. Sentido común es considerar los conocimientos previos de cada aprendiz e incorporarlos en la solución de problemas. Sentido común es plantear las preguntas claves que nos lleven a respuestas con sentido y establecer un diálogo de perspectivas. Sentido común es considerar los distintos ritmos de aprendizaje y que se ajusten en el colectivo. Sentido común es planear la formación en común, en equipos con propósitos comunes, es dialogar la propuesta formativa con los sujetos de aprendizaje, es consultar la respuesta formativa con las necesidades del sector productivo. Sentido común es valorar que el aprendizaje es dinámico y no estático, como para considerar que la evaluación no es una última sentencia.

Si sólo se trata de sentido común ¿Por qué entonces se hace tan complicado y enrevesado el ejercicio de la formación profesional? ¿Por qué buena parte de los contenidos de estudio no tienen lugar en la vida práctica? ¿Por qué se advierte tan poco entusiasmo en los estudiantes? ¿Por qué hay tan poca confianza de los empresarios por los egresados del SENA? ¿Por qué, si son tantos los egresados como lo indican las cifras y los orgullosos datos de la dirección, no se tiene una imagen tan positiva de su impacto en el sector productivo?

Estas ya no son simples preguntas. Es un problema muy serio.