Al final del trimestre la evaluación de resultados suele ser una suerte de mercado minorista. Se regatea un poco aquí o allí por el peso o por el precio, y hay más preocupación por la cifra de la factura que por el valor del producto. Con la profusión de excusas e irresolutas correspondencias entre el pedido y la entrega, decide uno mejor ser generoso y ceder en conformidad con la feria especulativa que sólo nos pide una nota, de número o letra, y entonces es inevitable sentirse cual patético profesor de escuela.
Pero esta no debe ser la actitud ni el sentimiento del instructor SENA, menos aún en tiempo de adviento, cuando la esperanza es un deber. Estamos de acuerdo con que el horizonte está nublado y tenemos la sensación de ir a la deriva, pero es cuando la ocasión obliga a revisar la hoja de ruta, ver cómo estamos, qué rumbo llevamos y, según rece la misión, reorientar el camino que evite la catástrofe.
La pregunta sobre cómo evaluar no es casual y la calificación de una evidencia no debe reducirse a un simple ritual desconectado de la ceremonia de formación. Por eso conviene ampliar las preguntas para tener una perspectiva más amplia del proceso: Además de reiterar si la evaluación es solo un acto de calificación, según cumpla o no el aprendiz las condiciones de la evidencia, ¿consideramos la oportunidad de que el aprendiz nos evalúe como instructores y estamos dispuestos a cualificar nuestro desempeño? No sólo individualmente, sino como equipo e institución. ¿Los resultados de la evaluación sirven para mejor los procesos formativos, para cambiar las didácticas, para depurar los instrumentos de evaluación? ¿Cómo evaluar la formación virtual, las herramientas informáticas y comunicativas? ¿Cómo verificar los vasos comunicantes entre la teoría y la práctica, entre presencialidad y a distancia? En fin, ¿Cómo comprobar que efectivamente esa dimensión integral de la formación se cumple para el contexto social y productivo?
Preguntas que debemos saber responder antes de que se convierta en un problema que jamás se pueda resolver, porque no hay que desconocer que durante este tiempo de confinamiento y restricciones sociales se ha venido encajando una cierta dejadez que está afectando fatalmente la pertinencia y calidad de la FPI.