El que camina un minuto sin amor,
Camina amortajado hacia su propio funeral.
Walt Whitman
Hay acciones tan simples y cotidianas que, sin conocer de pedagogía, sabemos lo gratuito y provechoso que son para el espíritu de todo el mundo. Piénsese en un grato saludo o una sincera sonrisa, tanto para quien lo da como para quien la recibe hay un sentimiento de que se ensancha el alma; y en una institución de formación debería ser la actitud habitual de todos para todos.
Esta claro que no se aprende bien lo que no se quiere y que sólo se ama lo que se conoce. Si el propósito de la educación es la realización del ser humano, por qué no estimular a la persona para que se sienta Bella y Buena, que para el griego junto con la Verdad conforman la tríada en la que se resume los mayores valores de la humanidad. Quien logra notar esos valores en los pequeños detalles del otro, y lo expresa con afecto, enaltece su propio espíritu y al otro lo estimula como un rayo de sol. Pero, ¿Qué mérito tiene expresar cariño a los prestigiosos, a los importantes, a los afamados? el valor está en tratar con dignidad a los marginados, a los olvidados, a los difamados, el mérito está en advertir la sutil belleza en el desaliñado, en notar el gesto noble de quien es denigrado, en levantar el ánimo del abatido. Estas no son tareas de expertos en moral ni de profesionales de la caridad, son actos simples y espontáneos que todos podemos dedicar habitualmente a nuestros aprendices y visitantes (y entre nosotros mismos), con un saludo cordial, con una sonrisa sincera, con una voz de aliento, con una respuesta oportuna, con una mirada tierna, con un gesto amable, con una señal de ánimo, con un signo de aprobación, con un toque de ternura, con un divertido meme, con toda el alma y el corazón palpitante.
La didáctica, es activa, es simple, es cotidiana, es efectiva, es amable. Si se trata de la didáctica para aprender a Ser, aplica en cualquier circunstancia, en todo contexto, en cualquier lugar y en consideración al estilo y ritmo del que aprende, ya sea como instructor o estudiante. La didáctica de la cordialidad se ahorra densos tratados de pedagogía porque basta consultar, con amor, en lo profundo del corazón.