domingo, 27 de junio de 2021

Tiempo para ser

 

A un huevo de mariposa, con misterioso impulso vital, le toma ocho días para convertirse en larva, otros tantos para ser pupa, y unos más (con un poco de magia) para echarse a volar con anchas y finas alas.  

Lo que uno no comprende bien es como el SENA, en su proceso formativo, hace que un aprendiz, sin estricto cumplimiento de los tiempos, pase de un trimestre a otro, de la etapa lectiva a la productiva, sin cumplir las condiciones que obliga un proceso de transformación conceptual y práctico. Me da un tanto de estremecimiento cuando la institución envía a la empresa un aprendiz que cree, ingenuamente, poseer las capacidades para desempeñarse en un escenario laboral, y se lanza en caída libre, como en vuelo libre y alegre de mariposa. 

Con una pandemia que por más de un año ha afectado las dinámicas del mundo en todos los ordenes: social, económico y político. Que ha detenido la producción de miles de empresas y las acciones de múltiples instituciones, en particular de las dinámicas laborales y educativas, es inconcebible que el SENA pase incólume ante la tragedia, y siga sin alteración de tiempos y metas, ejecutando sus procesos de formación sin modificación alguna. En todo el tiempo en que los aprendices, instructores y administrativos se han visto confinados en sus casas, sin las condiciones adecuadas para ejercer y cumplir a cabalidad cada una de sus funciones ¿Cuándo y cómo se ha reparado esa alteración inevitable? ¿Cuándo se ha completado el tiempo en que se detuvieron los procesos? ¿Cómo se han completado las acciones de formación pendientes por ejecutar?

Para que se pase sin ajustes ni reparos, de un trimestre a otro y de la etapa lectiva a la etapa productiva ¿O, ha habido en esto un poco de magia, o hay un truco que afecta los resultados? Eso lo evidenciaría una evaluación de desempeño en los escenarios productivos, pero no tenemos un informe fehaciente de lo que realmente pasa allí con el aprendiz, si es que efectivamente tiene la oportunidad de desarrollar un proceso formativo en la empresa.

Si agregamos otro factor a esta alteración de tiempo en los procesos de formación, ya no por asuntos de salud pública sino de orden público, como lo ha sido el paro nacional, que con más de un mes de protestas ha generado un impacto en la economía y la estabilidad social, tan grande que tendrá repercusiones históricas, cómo decir que no han sido alterados los procesos de formación si los aprendices y trabajadores han participado activamente en las protestas, si los desmanes policiales y los exabruptos del gobiernos han indignado a la prensa, a los gobiernos y a la sociedad internacional.   

Si agregamos finalmente que por cualquier situación personal, enfermedad, duelo, crisis mental, económica, en fin, cuanta dificultad, calamidad o sufrimiento pueda padecer la frágil condición humana, es tarea de una institución que tiene por misión invertir en el desarrollo social y técnico de los trabajadores, ayudar para que superen todas esas vicisitudes de la vida y se incorporen efectivamente al sector productivo para lograr su desarrollo personal y social.

Este segundo cuestionamiento tal vez nos ayude a revisar si en el centro de la FPI la institución está puesta la persona humana o persiste la obligación por la cifra. Esta sigue siendo una ocasión para que resolvamos la tarea histórica que nos encomienda la Constitución Política de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz.