El comienzo de año es momento oportuno para hacer buenos propósitos. Con los propósitos personales es fácil, pero los colectivos requieren, al menos, que tengamos un mismo horizonte. Pero, ¿Cómo conciliar las proyecciones de las directivas, con los objetivos administrativos y los propósitos de coordinadores e instructores para mejorar la calidad de la formación?
Para hablar de unidad de propósitos bien podríamos recurrir a la imagen de "equipo", ya sea de personas organizadas para realizar una actividad, o de un conjunto de elementos dispuestos para la ejecución de una tarea. La funcionalidad bien la puede ilustrar el éxito de un equipo deportivo en una temporada de juegos, o la efectividad de un artefacto en la ejecución de un producto; pero un equipo deportivo selecciona los jugadores de parejo talento y las piezas de una máquina son fruto de frío cálculo. Para referirnos a la unidad de propósito de una institución hecha de personas el término equipo queda corto, y en consideración al factor humano mejor conviene el concepto de "cuerpo", mucho más generoso para hacer alusión a la complejidad de personas, de información y de conocimientos, como es el caso del SENA, que incorpora el más variado tipo de funcionarios, con cientos de perfiles profesionales, en diversos escenarios, para formar profesionales en los más heterogéneos perfiles de trabajo.
Para superar las debilidades y amenazas que pudimos advertir en la evaluación y balance del año pasado, propongo esta reflexión sobre el "cuerpo" del SENA, escrita a modo de pastiche sin intenciones heréticas, a la sombra de un texto clásico y sagrado de Pablo de Tarso, que acaso nos ayude a trabajar por la unidad de propósito que exige la misión institucional:
"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es el SENA. Pues por ser funcionarios con una misma misión todos hacemos parte de un mismo cuerpo, ya sea directivos y administrativos, ya personal de servicios, instructores de planta o contratistas. Y porque al cuerpo no lo hace un solo miembro, sino muchos, la cabeza no debe ir por ahí diciendo que la mano obra sin su consentimiento, o que los pies caminan hacia donde no miran los ojos. Porque todos los miembros tienen distintas funciones, así es que cada miembro valora y respeta la función del otro para beneficio de todo el cuerpo. Si el ojo no avisa al pie para esquivar un hoyo, no solo el pie y el ojo sufrirán las consecuencias sino que la cabeza y todo el cuerpo se maltratarán con la caída. Ahora, si todo el cuerpo fuera ojo, ¿Qué sería del oído? Si todo fuera oído, ¿Qué sería del olfato? Y si todos fueran un solo miembro, ¿Qué sería del cuerpo? Sin embargo, hay muchos miembros, pero un solo cuerpo. Así que el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No los necesito. La organización ha colocado a cada uno de los miembros donde mejor le conviene al cuerpo. El cuerpo está conformado a fin de que no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles, son los más necesarios. Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él, el simple pinchazo de un dedo le duele a todo el cuerpo; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él, una corona sobre la cabeza confiere dignidad a todo el cuerpo. Ahora bien, todos nosotros somos el cuerpo del SENA, y cada uno individualmente un miembro de él.