"Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán …"
Canción de fin de año
Quizá fue un poeta, un filósofo o un teólogo; tal vez americano, europeo o griego; pudo ser Whitman, Leibniz o Pablo quien dijo que la creación del mundo no es asunto del pasado, sino que la Creación está ocurriendo justamente ahora.
Un año nuevo es como asumir una vida nueva. Con el letargo que nos dejó la pandemia, ahora que regresamos a las instalaciones de formación (que aún parecen un pueblo fantasma), es prácticamente un deber asumir la vida como una nueva oportunidad para crear; y en nuestro papel de instructores en el ejercicio de la FPI está todo por hacer: Cabe preguntar, entonces ¿Por qué seguir valiéndonos de viejas guías de aprendizaje, de obsoletos contenidos y desvencijados documentos? Si para un año nuevo la creación está ocurriendo justamente ahora ¿Por qué no proponernos hacer una formación que verdaderamente responda a las necesidades una nueva sociedad? Con las reflexiones, experiencias y descubrimientos que hemos venido sumando ¿Por qué no reorganizar los conocimientos, valores y actitudes que formen efectiva e integralmente a un verdadero profesional?
Este es otro tiempo, nadie se baña en el rio dos veces porque todo cambia en el rio y en el que se baña. Ni nosotros, ni los aprendices somos los mismos del año pasado. Así qué bien vale proponer actividades de aprendizaje con una nueva luz y para ello habrá que mirar el mundo con ojos límpidos, con corazón abierto, con sagaz pensamiento.
Eso puede parecer muy romántico o iluso, cosa de poetas o locos, pues la vida nos arrastra con tantos afanes que no da tiempo para ideales, y sentimos que otros intentos de querer cambiar las cosas solo nos han dejado cansancio y decepción. Aun así, conviene intentar, al menos por hoy, un ejercicio nuevo como instructor para que la labor no se haga más tediosa e inútil. Y puesto que tenemos por ahora sólo este nuevo día, sin duda ayudará a levantar el ánimo esta sencilla oración de R. L. Stevenson:
Oración de Vailima
Vuelve un nuevo día, y nos trae su pequeña serie de inquietantes quehaceres y obligaciones. Ayúdanos a actuar como hombres, ayúdanos a cumplir nuestra tarea con rostros amables y risueños; haz que la alegría reine en el trabajo. Permite que, en este día, vayamos jubilosamente a nuestros asuntos; llévanos, fatigados, contentos y sin deshonor, a reposar en nuestros lechos, y otórganos, al final de la jornada, el don del sueño.